05 Feb 2026 ¿Qué significa que Dinamarca quiera reconocer la gastronomía como arte?
El Ministerio de Cultura de Dinamarca estudiará “la posibilidad de reconocer oficialmente la gastronomía como una forma de arte”, según anunció hace unos días en ‘Convergence’, cita gastronómica organizada por Rasmus Munk. El chef y copropietario de Alchemist lleva tiempo reclamando este reconocimiento, que ahora podría regularse en un país consolidado como destino culinario, todo un hito en el contexto global.

La reflexión no es nueva: ¿la gastronomía es arte? O, al menos, no es un debate novedoso para un país como España, donde hace más de dos décadas ya se debatía si la cocina podía considerarse o no una disciplina artística. A otros vecinos europeos —como Italia— llegaron deliberaciones similares. Pero, probablemente, esa discusión ha ido perdiendo relevancia con los años en pro de otras prioridades: unos chefs se sienten cómodos considerándose artistas a sí mismos; a otros les parece un debate menor —incluso absurdo— y, sobre todo, no parece que sea un tema central en los encuentros sectoriales en la actualidad.
Y, justo en ese contexto, llega Dinamarca, ese ‘país milagro’ en lo gastronómico, y no solo reaviva el debate de si la gastronomía puede o no considerarse arte, sino que lo formaliza y lo lleva al terreno regulatorio. El 30 de enero, el ministro de Cultura de Dinamarca, Jakob Engel-Schmidt, anunció que su departamento estudiará “la posibilidad de reconocer oficialmente la gastronomía como una forma de arte”. Lo dijo en ‘Convergence’, macroevento gastronómico organizado en Copenhague por Rasmus Munk, chef y copropietario de Alchemist, que comprendió el simposio donde habló el representante del Gobierno, cinco cenas —una por noche— con algunos de los mejores cocineros del mundo oficiando mano a mano dentro de Alchemist y charlas diarias sobre sus proyectos.
Dinamarca tiene un plan
“Cuando experimentamos la gastronomía al más alto nivel, es mucho más que comida. Es arte. Dinamarca es un referente de la cocina de talla mundial. Por eso tiene sentido analizar si podemos reconocer la gastronomía por lo que es: una forma de arte”, avanzó Engel-Schmidt, en el escenario de DR Concert Hall, donde se celebró ‘Convergence Symposium’ ante una audiencia claramente objetivo de sus propósitos: una buena parte de los más de 60 chefs de renombre internacional invitados por Alchemist a sus cenas y más de 1.200 invitados daneses e internacionales de la industria gastronómica.
“El anuncio es increíble; quizás, tomará un año o más plasmarlo en algo concreto, pero creo que el hecho de que se anuncie ya por el ministro y que el Ministerio crea en la gastronomía como arte puede cambiar muchas cosas”, opina Rasmus Munk, en una entrevista con Gastroeconomy. “Es posible que tarde un tiempo en verse su resultado o que pasen varias generaciones de chefs hasta comprender que lo que hacen puede ser artístico. Para mí, tampoco es fácil decir que soy un artista, pero creo que debemos empezar a decirlo, al menos quizás en algún nivel de la gastronomía donde sentimos que esto es más que solo cocina y que debe estar al nivel más alto”, añade.

El milagro gastronómico danés
La posible consideración artística de la gastronomía no llega en lugar cualquiera. Con escasa tradición previa en la mesa, Dinamarca lleva años bullendo en lo culinario. Una mariposa procedente de cría sostenible en una granja servida como aperitivo o la llamada ‘Tortilla perfecta’ son platos icónicos en Alchemist, el restaurante de Rasmus Munk, que a sus 35 años y con Lars Seier Christensen —una de las mayores fortunas de Dinamarca— como socio donde defiende un “concepto holístico” de cocina, presentado como una experiencia de unas 6 o 7 horas en un imponente espacio de 2.200 metros cuadrados en Refshaleøen, con menú degustación de 50 platos o “impresiones” por un precio de 750 euros, al cambio y sin bebidas —uno de los más caros de la escena culinaria global—. Seguramente, no hay nada comparable a su proyecto en la industria mundial del ‘fine dining’.
Es solo la síntesis de la aportación creativa de Munk en Copenhague, una capital convertida por derecho propio en destino gastronómico global gracias a una tormenta perfecta surgida de una formidable suma de ingredientes: la Nueva Cocina Nórdica gestada hace ya casi dos décadas como movimiento, con René Redzepi como el líder carismático que sigue innovando y siendo referencia mundial desde Noma —cinco veces mejor restaurante del mundo según la lista 50 Best, las mismas que elBulli—, ya convertido en restaurante deslocalizado, que en 2026 funcionará en Los Angeles; la convencida apuesta del Gobierno local por divulgar y apoyar la gastronomía escandinava y, en concreto, la danesa; y, fruto de todo lo anterior, un caldo de cultivo que ha convertido Copenhague en incubadora de proyectos gastronómicos no solo por el lado de la alta cocina, ni únicamente ligados a lo nórdico —Alchemist no tiene en absoluto el estilo de la ‘New Nordic Cuisine’—, sino en cuanto a la proliferación de bistrós, wine bars, cafés, panaderías, fábricas de fermentados y nuevas bebidas o startups de proteína alternativa.
“Dinamarca goza de reconocimiento internacional desde hace tiempo por su innovación culinaria, desde la Nueva Cocina Nórdica hasta una nueva generación de propuestas experimentales de alta cocina y alimentación sostenible. Este universo gastronómico desempeña un papel fundamental en la identidad cultural danesa y en las experiencias que buscan los visitantes que viajan al país, atraídos específicamente por la comida, la oferta de restauración y sus historias culinarias”, recalcan desde Visit Denmark, entre cuyas responsabilidades entra el turismo gastronómico en Dinamarca.
Dinamarca, destino mundial de turismo gastronómico
En ese contexto, llega el plan anunciado por el Ministerio de Turismo, que hay que enfatizar que, por ahora, se centra en la decisión de estudiar “si la expresión gastronómica puede obtener el reconocimiento oficial como disciplina artística”. ¿Es, quizás, la forma en la que un país puede llegar a rentabilizar su creciente peso gastronómico global? ¿O quedará como una medida centrada exclusivamente en el ‘fine dining’?
“La iniciativa representa un cambio en la concepción de la gastronomía, que pasaría de ser considerada una simple artesanía a una disciplina cultural y artística, reforzando aún más la posición de Dinamarca como destino líder mundial para el turismo gastronómico” y “su creciente papel como centro de innovación donde convergen gastronomía, cultura y creatividad”, sostienen desde Visit Denmark. “De llegar a concretarse, esto podría suponer un hito histórico para la política cultural danesa y promovería una visión más amplia de la gastronomía como forma de arte. Además, complementaría la prestigiosa escena culinaria internacional del país y reforzaría su atractivo como destino de referencia para el turismo gastronómico”, añaden.
Para Rasmus Munk, los chefs de alta cocina “debemos saber todos los fundamentos y emplear los mejores ingredientes y eso debe estar al nivel más alto, igual que si eres un buen músico, también debes ser muy bueno en lo tuyo y tener altas habilidades. Si los chefs empiezan a tener esa posibilidad de entrar en ese mundo [para tener consideración artística], eso podría cambiar la forma en que los restaurantes operarán en el futuro y permitiría que puedan ser vistos más como un museo o una galería de arte que como un restaurante y un negocio”.
“Cambio en la mentalidad de los chefs”
El dueño de Alchemist incluso observa la consideración de la gastronomía como arte como una vía para clasificar negocios en el sector. “Un problema actual es que en todo el mundo ve los restaurantes exactamente en la misma categoría, independientemente de si es un bistró, un café, un hotel o si es elBulli o Mugaritz; todo es lo mismo y nosotros en la industria sabemos que no es lo mismo, que existe una gran diferencia que tenemos que tener en cuenta. El hecho de que, en Dinamarca, el Gobierno lo vea así desde una perspectiva estatal también debería significar un cambio en la mentalidad de los chefs, ya que escucho a muchos que dicen que nunca pensaron en sí mismos como artistas, que solo ven que se dedican a cocinar, pero cuando hablas con muchos de ellos, ves que lo hacen a su manera, con su lenguaje y su filosofía; entonces, ¿por qué eso no es arte?”.
En un artículo publicado en ‘The New York Times’ al hilo del anuncio en Dinamarca, Lisa Abend, periodista estadounidense afincada en Copenhague, destaca que si el plan del Gobierno danés tiene éxito y se lleva adelante, “será la primera vez que una nación clasifique legalmente la cocina —o al menos algunas versiones de ella— como una forma de producción cultural digna del mismo apoyo y protección que la pintura o el ballet”.
Debate en las últimas dos décadas
Así sería, ya que otros países pioneros en cruzar gastronomía y arte jamás se plantearon regular esta consideración. Basta rebobinar unos cuantos años y recordar que tiempo antes de que Ferran Adrià creara su primer taller de creatividad en Barcelona (en 1997, en su sede inicial en Taialá) como complemento de elBulli, se encerró unos meses en 1992 con el escultor barcelonés Xavier Medina Campeny en su taller de Palo Alto, en el barrio de Poble Nou. El chef catalán buscaba entender la forma de crear de un artista —en 1987, el planteamiento escenográfico de Jacques Maximin en Cannes y su frase “Creatividad es no copiar” cambió la concepción de la cocina para Ferran Adrià—. En 2006, Documenta de Kassel, evento internacional de arte contemporáneo, invitó al chef catalán a participar como “artista invitado” en su edición de 2007. No faltó polémica sobre su participación junto a otros artistas y sobre la ‘obra’ presentada: convirtió una mesa de elBulli en plena Costa Brava en el pabellón G de Documenta, lo que constituyó “un acontecimiento que hace reflexionar al mundo del arte y al de la cocina”, señala la cronología de elBulli.
Arte o no, el debate ha estado siempre sobre la mesa del ‘fine dining’: de unos ‘Talks’ organizados por The World’s 50 Best Restaurants en Guggenheim Bilbao a raíz de la presentación de la edición 2018 de la lista mundial, a chefs particularmente activos en vincular arte y gastronomía como el italiano Massimo Bottura o la creación en 2011 por parte de Basque Culinary Center del entonces primer título universitario del sector en España y uno de los escasos del mundo bajo un nombre inequívoco: Grado en Gastronomía y Artes Culinarias.
La visión de Albert Adrià
¿Qué opina un chef como Albert Adrià de todo esto? “Yo creo que no todo el mundo que hace una película hace arte, ni todo el mundo que cocina hace arte. Pero hay algunos que yo creo que sí, que se acercan a ello. Al final, desde el punto de vista del principio básico del arte, según el cual no hay una recompensa de por medio, una persona con sensibilidad que hace algo sin pensar en las consecuencias, se puede considerar como una pura expresión de arte. En cambio, nosotros, los cocineros, sí que tenemos que pensar en consecuencias porque damos de comer y, en nuestro negocio, el cliente come”, reflexiona Albert Adrià, en una conversación hace unos días con Gastroeconomy, mientras preparaba en las cocinas de Alchemist sus platos para una de las cenas de ‘Convergence’. “Partiendo de ahí, la cocina quizás no es arte, pero también creo que el cliente con su sensibilidad es quien puede transformar tu trabajo en arte. Es decir, todos hemos hecho llorar alguna vez a un cliente. ¿Te hace llorar un cuadro, un libro, una película o una exposición? Puede ser que sí o que no”, agrega el chef y dueño de Enigma.
Con todo, hay un trasfondo: la decisión de Munk de promover desde hace tiempo la consideración artística de la gastronomía, tema del que ahora ha logrado sacar un compromiso al Ministerio de Cultura de su país, todo un hito para el chef de Alchemist. “Durante los últimos cinco años, he trabajado con determinación para desarrollar un nuevo lenguaje culinario con la ambición de que la gastronomía sea reconocida algún día como una disciplina artística independiente. Estoy feliz y profundamente agradecido por la noticia; es un hito para mí. Lo que hoy puede parecer selecto o vanguardista, con el tiempo se extenderá e influirá en la sociedad en su conjunto. Dinamarca ya ha mostrado al mundo el potencial de la gastronomía. Ahora se trata de garantizar un espacio para la experimentación y el desarrollo del talento, del mismo modo que reconocemos y apoyamos otras formas de arte”, señaló Rasmus Munk en ‘Convergence’.
Pero, a la vez, la inevitable pregunta es cuál es el impacto real y práctico de que la gastronomía sea considerada arte en Dinamarca. Quizás, ¿habría acceso a fondos públicos o ayudas? Y, en ese caso, ¿cómo se distribuirían las ayudas o qué chefs tendrían derecho a optar a ellas? No hay que olvidar que los dueños de un negocio hostelero, sea del tipo que sea, pueden acceder a ayudas para emprendedores como cualquier pyme de cualquier sector, por ejemplo, en países como España. Desde el Gobierno danés, no se han dado aún detalles. “El arte y la cultura pueden tener acceso a fondos; un chef de alta cocina, no. Tal vez en el futuro, en una década o dos, habrá restaurantes que operen no como restaurantes, sino como una obra de arte inmersiva donde la comida sea el medio para cultivar ese arte y tal vez solo abran tres, cuatro cinco meses por año, mientras podrían dedicar el resto del tiempo a buscar nuevos fondos para hacer su investigación y reflexionar sobre aspectos que incluso podrían tener valor para la sociedad”, defiende el chef de Alchemist, en conversación con Gastroeconomy.
Para Munk, “crear una experiencia experiencia gastronómica muchas veces no es tan sostenible desde el punto de vista financiero; por eso, a veces, hay que aumentar los precios de los restaurantes de alta cocina. Es gracioso que muchas personas digan que este tipo de restaurantes son solo para una élite porque son muy caros, pero son negocios sin acceso a fondos públicos; pero si una persona es aficionada a la ópera, se considera como cultura y se ve como algo bueno, mientras la ópera sí puede acceder a financiación pública. Pero la comida y la ópera tienen algo en común; por eso, creo que es positivo que se reconozca la gastronomía como arte”, opina el chef de Alchemist.
Albert Adrià concluye el debate así: “¿Un reconocimiento formal puede ser secundario o puede ser importante? Es un debate que nunca me había planteado y no sé si tiene respuesta, pero la verdad es que tampoco me preocupa. Hay directores de cine que llevan fracasando dos o tres películas y les siguen dando millones. No veo a los cocineros entrando en eso; aunque está claro que si si me dieran alguna ayuda, no diría que no”.





No hay comentarios