Cierran Jockey y Balzac en Madrid

Dos espacios míticos de la hostelería madrileña, rincones habituales de comidas de negocios, cesaron su actividad este verano. La crisis económica está generando un duro impacto sobre la hostelería de lujo.

“Gracias por su llamada. El restaurante Jockey permanece cerrado por vacaciones. Rogamos disculpen las molestias”. Es el mensaje que suena hoy en el restaurante madrileño, que, no obstante, no tiene previsto reabrir sus puertas, según afirman fuentes del sector gastronómico y cercanas al equipo de este local.

La clausura de Jockey, conocido rincón de comidas de negocios en Madrid, coincide con el cierre de otro restaurante con una asidua clientela empresarial: Balzac. Los propietarios de ambos han aprovechado el verano para cesar su actividad ante la imposibilidad de sostener la estructura económica y financiera de estos negocios, claros exponentes durante años de la hostelería de lujo en la capital. Como curiosidad, las páginas web de Jockey y Balzac siguen operativas como si estos restaurantes permanecieran abiertos.

Jockey y Club 31

En el caso de Jockey, se trata de la materialización de un cierre definitivo tras un intento de reflotar el negocio hace dos años. En el otoño de 2010, el establecimiento fundado en 1945 por Clodoaldo Cortés, un profesional formado en el Hotel Ritz (fallecido en 1981), estuvo inmerso en un proceso de búsqueda de socios. Se barajaron opciones planteadas por Arturo Fernández, dueño del Grupo Arturo Cantoblanco, y por el financiero Juan Abelló, que se retiraron finalmente de la operación. Tras analizarse varias posibilidades, Luis Eduardo Cortés (presidente ejecutivo de Ifema e hijo de Clodoaldo), al frente de la familia propietaria, encontró el apoyo de algunos clientes fieles a Jockey. El apoyo de estos socios anónimos se materializó en una ampliación de capital, que permitió diseñar un plan de reflotación. El plan incluyó el cierre del restaurante en abril de 2011 para abordar su reforma. Así, se realizó un ligero cambio en el interiorismo firmado por Ignacio García de Vinuesa y se lanzó lanzamiento un cambio conceptual liderado por Miguel Ángel García (socio de Grupo Café Saigón).

El establecimiento contaba con un equipo de 35 personas, que atendía una sala para 70 comensales. Además, tenía espacio su planta superior con privados para entre 2 y 80 clientes. Con un tícket medio de 90 a 100 euros y un ‘brunch’ a la carta los domingos por 70 euros, su carta de vinos se amplió a referencias más modernas y económicas, lo que dio lugar a un listado con botellas españolas e internacionales, con precios de 25 a 7.000 euros. El pasado diciembre, Jockey lanzó un menú más ‘económico’, a un precio de 70 euros, que funcionaba de lunes a viernes a mediodía.

Sin embargo, el plan aplicado durante algo más de un año para reflotar Jockey no surtió efecto y, finalmente, los propietarios han decidido cerrar el establecimiento. El adiós a Jockey ha materializado un cierre más: Club 31, el restaurante de la calle Alcalá, en Madrid, también propiedad de la familia Cortés (en este caso, ya no están operativos ni su teléfono, ni su página web). Fuentes del gastrosector apuntan a que la familia Cortés podría haber presentado el concurso de acreedores de sus negocios hosteleros.

Hay algo a tener en cuenta: Jockey llegó a estar considerado como uno de los mejores establecimientos de Europa. hasta 2000, lució una estrella Michelin. Con su atmósfera de club inglés, Jockey fue siempre conocido por su banco corrido donde empresarios, ejecutivos y políticos hicieron negocios durante décadas en sus almuerzos.

Balzac

Por su parte, Balzac cerró a finales de julio, tras una decisión adoptada por la propiedad de este restaurante ubicado en la calle Moreto. Por sus cocinas, pasaron reconocidos chefs, como Andrés Madrigal; César Martín (al frente desde el pasado enero de Lakasa, su propio negocio en Madrid), etapa en la que brillaron especialmente sus platos de caza; o, más recientemente, Gonzalo Omiste, procedente de El Olivo, local capitalino también desaparecido. La llegada de Omiste concretó un cierto giro hacia una cocina más tradicional, probablemente planteado para tratar de atraer a un mayor porcentaje de clientela. Con un tícket medio de 50 a 60 euros, en los últimos tiempos contaba con un menú por 40 euros, además de disponer de varios privados que funcionaban como reclamo para la clientela empresarial.

La propuesta de cocina de mercado tenía un aliado clave en Balzac, José María Marrón, un profesional serio que asumía la responsabilidad de la sala y la bodega. Marrón proyecta ahora un nuevo local, bajo el nombre de Albora, con un equipo del que formará parte Jorge Dávila (hasta ahora, jefe de sala de Piñera), en el local ocupado hasta ahora por Sula, en la madrileña calle Jorge Juan.

Adioses y reconversiones

Parón en la hostelería de lujo

Caída de la clientela, recorte en los presupuestos destinados a los almuerzos de negocios con la consiguiente reducción del tícket medio por comensal, dificultades para afrontar los compromisos de pago con los proveedores, aumento del endeudamiento (incluidas deudas con Hacienda y la Seguridad Social) y complicaciones para asumir las obligaciones financieras derivan en la imposibilidad de sostener económicamente estos pequeños negocios. “Va a haber una reconversión brutal en la restauración media y alta en España”, auguraba Ferran Adrià, en octubre de 2011.

Precisamente, hace un año, Príncipe de Viana también cerraba sus puertas en verano. A finales del mes de julio, el restaurante fundado por Jesús Oyarbide en 1963 dejaba de funcionar. A pesar de seguir contando con fieles comensales del universo empresarial (como Florentino Pérez, de ACS, y Juan Antonio Samaranch, de GBS Finanzas) y teniendo en cuenta el impacto de la crisis sobre su negocio, Javier e Iñaki Oyarbide, que tomaron las riendas del negocio pasados los años (su padre falleció en 2008), decidieron no continuar con el proyecto de Príncipe de Viana. El local, conocido por su oferta de cocina navarra (con platos como la menestra y las alubias de Tolosa), reabrió un año después, el pasado julio, tras una profunda reforma bajo un nuevo formato: IO, un espacio que abandonaba el espíritu clásico de su predecesor para optar por un concepto casual a precios más asequibles. Lo lidera Iñaki Oyarbide, cuyas iniciales dan nombre al nuevo establecimiento.

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Acerca del autor



Estudié Empresariales, pero siempre he trabajado como periodista, título que espero seguirme ganando cada día. Escribir es lo que más me gusta. Antes, sobre economía; y, desde hace once años, sobre gastronomía, algo que casi me inventé como vía de escape y que, al final, se convirtió en mi trabajo. En abril de 2011, decidí pasar a la vida freelance y, el 30 de julio de ese año, lancé este portal, mi bebé al que consiento y maleduco para escribir lo que me apetece. Gastroeconomy aspira a ser un proyecto mucho más rentable que su actual sostenibilidad económica, con una idea clara: ni el portal, ni sus contenidos, ni yo, estamos en venta. Es la única forma de que os fiéis de nuestro trabajo. Como siempre, ¡¡GRACIAS por leernos!! Espero seguir creyendo en este proyecto, sin perder el escepticismo, ni la capacidad de autocrítica. En Twitter, soy @mfguada”.

1Comment
  • Los 10 conceptos gastronómicos más innovadores de 2012, según Gastroeconomy | Gastroeconomy
    Publicado a las 11:26h, 30 diciembre Responder

    […] ¿Es la gastronomía un sector a prueba de parones económicos? ¡Ojalá! Obviamente, no lo es: la caída del consumo pasa factura a diario a los locales de hostelería en forma de un menor número de clientes y de un recorte del gasto medio, aparte de en serios problemas de acceso a la financiación. Sin embargo, el mercado gastronómico español busca sus fórmulas anticrisis y, de hecho, lleva un par de años de aperturas récord (muy destacables, sobre todo, el pasado otoño), que se compensan, por supuesto, con un número preocupante de cierres: sólo en Madrid, en el último año, se han registrado en torno a una treintena de clausuras de locales, como constata la edición 2013 de la Guía Metrópoli Comer y Beber en Madrid. De hecho, en 2012, también hubo sonados adioses en la capital, como Jockey, que cerró por vacaciones y nunca más volvió a abrir sus puertas en septiembre. […]

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