MAD 7: Gastronomía cuestionada bajo la carpa

Sucedió hace un mes y medio en Copenhague: el evento gastronómico, que por fin no es un circo y que salió hace más de 15 años de la cabeza de René Redzepi, regresó como MAD7. “MAD es un lugar que nos recuerda que nadie está loco por querer hacer algo diferente o ir algo más allá”. Es el argumento del chef de Noma para apelar a una visión largoplacista y a la idea de que “la creatividad es —por encima de todo— la capacidad de supervivencia y el antídoto frente al ‘burnout’”. Preocupaciones reales e ideas de pensadores y visionarios, que profundizan en el legado y adelantan lo que viene, se suceden en la pista central de la carpa que acogió este simposio en el que, en realidad, se cuestionó la gastronomía actual. Este es el análisis del viaje al futuro que significó MAD7.

La carpa roja está a punto de bullir con algunos de los mejores pensadores de la gastronomía disparando ideas que dibujan el futuro sectorial, avanzan lo que viene y remueven a las 700 personas de 47 nacionalidades —con edades de 14 a 86 años— que han pagado sin excepción unos 700 euros por dedicar dos días a escuchar, pensar y, en realidad, parar un poco. De hecho, tuvieron que optar antes a una plaza en MAD Symposium rellenando un formulario en el que argumentaban con sus motivos e intereses. Es MAD7 y se trata de un viaje en toda regla al futuro, que tuvo lugar el 25 y 26 de mayo en Copenhague.

Conocido como el ‘Davos’ de la gastronomía y definido por ‘The Wall Street Journal’ como “un lugar para aprender de grandes pensadores, una bacanal que promueve ideas que cambian el mundo”, MAD salió de la cabeza de René Redzepi, el chef que puso no solo Copenhague, sino Escandinavia, en el mapa culinario global hace ya quince años, y que con Noma sigue marcando tendencia en estilo de cocina, sala, hospitalidad y modelo de ‘fine dining’, que incluso influye a los jóvenes cocineros españoles. “Hace casi 17 años, empezamos a soñar con MAD. Hace 15, organizamos la primera edición como un pequeño foro donde chefs, panaderos, camareros friegaplatos o sumilleres, todo el mundo de la industria, intentaron que algo bueno ocurriera”, arranca Redzepi, en la pista de la carpa de un simposio que recurre a un ‘traje’ con el que paradójicamente se aleja del circo sectorial.

Hospitalidad

Una hora y media antes de eso, MAD7 ya había comenzado. Primero, en Ofelia Plads, a un paso del emblemático Nyhavn, donde la organización citó a los 700 asistentes antes de las 8 de la mañana para trasladarlos de manera escalonada en barco a Refshaleoen, un distrito que bulle en innovación gastronómica —quizás, desde que Amass abrió allí hace 12 años para cerrar en la pandemia y dejar el caldo de cultivo vigente para que en escasos metros convivan Noma Projects, una sede de Hart Bageri, Alchemist y su ‘lab’ Spora, justo donde estaba Amass—.

En Refshaleoen, aguarda la carpa roja propia de un circo que acoge un evento gastronómico que, por fin, no es un circo, donde René Redezepi recibe en la entrada uno por uno a los 700 visitantes. Lo primero que hacen es dirigirse a otra carpa —esta vez, blanca—, para sentarse a desayunar en mesas largas compartidas, que se irán montando para cada servicio.

Pura ‘hospitalidad MAD’. Un equipo de voluntarios, en buena parte de Noma, se encarga de preparar y servir el desayuno, que el primer día de MAD (domingo 25) llega desde Hart —panaderías de Richard Hart, donde Redzepi es socio—, sin que falte su icónico Cardamomo Bun, y el segundo (lunes 26) es en clave mexicana gracias a Hija de Sanchez, el concepto de taquería de Rossio Sanchez —que trabajó durante años en Noma—; y la comida del mediodía, que el domingo despacha Anajak Thai, restaurante tailandés de Los Angeles, y el lunes St John, emblema londinense cofundado por Fergus Henderson y Trevor Gulliver. Además, café a todas horas, del bueno y con variedad: de Noma Kaffe —nueva línea lanzada en marzo con la que el espacio danés insiste en aspirar en llegar a los hogares—, a La Cabra.

Amasar con mimo en silencio

Los asistentes no conocen ni el programa, ni los ponentes. Cada día, se encuentran en los asientos de las gradas instaladas bajo la carpa roja el folleto con ciertos detalles de la jornada y solo algunos nombres que van a intervenir, sin horarios. Por cierto, en MAD, no hay photocall, ni jerarquías, ni filas reservadas, ni tratamiento VIP a nadie. Tampoco se habla de cocina, recetas o técnicas.

Por eso, el arranque de MAD no puede ser más provocador: Christine Schauflinger, cocinera del ‘guest house’ austriaco Schauflinger’s Gasthaus Theuerwang, amasa una fina lámina donde en un momento introduce el programa de MAD con su slogan ‘Build to Last’‘Construir para Perdurar’ [para perdurar]—. Representa un negocio abierto en 1640 —con orígenes probablemente ya en el siglo X—, que, como lo presenta Redzepi, tiene mucho que ver con lo que MAD quiere abordar: artesanía y visión largoplacista.

¿Es, además, un aviso para rebajar el ego de muchos chefs que quedan relegados frente a la infalible mano casera de una cocinera mucho más ‘anónima’? No tanto —puesto que el escenario también sentará a grandes cocineros—, pero en parte sí. Pero está claro que en MAD hay algo maravillosamente mundano y Schauflinger amasando con mimo en silencio es el primer aviso.

Preocupaciones de la industria gastronómica global

Nada más comenzar, René Redzepi pone sobre la mesa preocupaciones, que pueden aproximarse a ser reales y que seguro tienen unos cuantos profesionales de la industria gastronómica global. Sobre todo, teniendo en cuenta lo mucho que ha podido cambiar el sector desde el último MAD —más aún teniendo en cuenta el impacto de una pandemia mundial—. “Estamos todos tratando de liderar y adaptarnos al mismo tiempo, tratando de ser buenos jefes, buenos amigos, buenos padres, mejores personas, mientras, el mundo sigue cambiando a nuestro alrededor; tratando de mantenernos inspirados sin quemarnos, de ser excelentes en el trabajo y a la vez estar presentes en casa; esta es probablemente la preocupación número uno de nuestra industria. Estamos tratando de mantenernos arriba y descalzos al mismo tiempo. Y, para mí, estas preguntas son, sin duda, el motivo por el que tenemos que regresar con MAD. Para mí y espero que para todos también, MAD es un lugar que nos recuerda que nadie está loco por querer hacer algo diferente o ir algo más allá, con más creatividad, más propósito, más conexión o lo que sea que la gente esté buscando”, reflexiona el chef de Noma. 

Redzepi aborda así de lleno lo mucho que ha cambiado el sector gastronómico desde la última vez que se celebró MAD, tiempo antes de la pandemia. “Creo que este espacio es un espacio donde podemos compartir ideas alrededor de las charlas, durante el almuerzo; algunas ideas son grandes, otras son realmente pequeñas. Pero sabemos que, a veces y esto lo he visto aquí, el pequeño impacto, la pequeña idea, una pequeña conversación, puede cambiar algo para una persona, un negocio, incluso una vida. En MAD he conocido gente que me ha impulsado y desafiado profundamente y también me ha salvado después. He encontrado amigos para la toda vida”, añade.

Visión largoplacista

En esa vocación de MAD por remover a los asistentes para que sigan animándose a innovar, se inspiren para motivarse y consideren qué cambios pueden acometerse en el sector gastronómico para hacerlo más duradero y realista, la visión largoplacista es una constante en el simposio. “Este año lo hemos llamado ‘construir para durar’. Para mí, esa es una de las cuestiones clave: ¿cómo construyes una carrera, un restaurante, una vida en nuestra industria en general, un negocio de comida de cualquier tipo, que no solo sobreviva día a día, sino que triunfe más allá de una temporada? ¿Es demasiado demasiado pedir que [ese negocio] sea para toda la vida? ¿Cómo manejas los altos y bajos que inevitablemente sucederán, sin importar lo bueno que sea tu plan? ¿Cuál es tu plan? ¿Cómo te mantienes saludable personalmente? ¿Sigues enamorado de tu trabajo? ¿Cómo logras mantenerte creativo?”.

Justo ahí, Redzepi comparte su visión sobre qué significa ser creativo. “Para mí, la creatividad no es solo hacer un nuevo menú degustación de 23 platos o una nueva creación; para mí, es la capacidad de supervivencia. Creo que es la vía para luchar; es el antídoto frente al ‘burnout’ [agotamiento, estar quemado], el cinismo y la apatía. La curiosidad es la luz que puede funcionar hasta en los momentos más oscuros”, desgrana Redzepi para dar comienzo a MAD7, a cuyos asistentes pide que los dos días que vienen que “mantengan su curiosidad y sean generosos con su tiempo, útiles con sus ideas para otros y valientes. Eso es lo que hará que todo esto dure”.

MAD o cómo “buscar la próxima oportunidad”

Entre cocineros, camareros, sumilleres, gestores, agricultores, investigadores, escritores e inversores, MAD7 se desarrolla casi a oscuras, con la luz centrada en el escenario, con mucho silencio cuando habla un ponente y con animados vítores del equipo de MAD y Noma para ambientar —en un estilo motivacional a ratos algo americano—. Hay una recomendación: guardar el móvil en el fondo de la bolsa e, incluso, ponerlo en modo de avión —perdón, pero es imposible no querer retratar o grabar momentos, que, por cierto, están ayudando a documentar este artículo; pero, por primera vez, Gastroeconomy cubre una cita sectorial sin sacar el MAC, sino solo tomando algunas notas con el móvil y, sobre todo, escuchando—.

“Cada uno de vosotros levantó su mano para venir MAD. Quizás estáis buscando vuestra próxima oportunidad y estáis pensando que aquí podría ser donde la encontréis. Puede suceder. O quizás habéis venido porque buscáis esperanza. Vais a conseguir todo eso y más en estos días. Bajo esta carpa en esta isla, tenemos que mostrar al mundo qué sucede cuando las personas deciden escuchar a los demás y construir el futuro juntos. MAD tiene como misión inspirar, entrenar y conectar a la próxima generación de líderes y esa próxima generación tiene que ver [no con edad] con una aproximación con el mundo”, saluda Melina Shannon-DiPietro, directora de MAD.

La sabiduría fluye, sí, ¿pero se contagia? Ojalá. Se suceden las ponencias de los visionarios que están pensando sobre el futuro, con la primera jornada dedicada a los “los legados que tenemos ahora y lo que queremos mantener”, mientras la segunda se dedicó a “explorar algunos futuros posibles” o ver “cómo reimaginar el futuro”.

Legados realistas y duraderos

Los pensadores se suceden en la pista central de MAD. Autor de “Carpe Diem” y creador del llamado “Pensamiento catedral”, Roman Krznaric mete directo el dedo en la llaga: ¿Cómo podemos ser buenos ancestros? “Esta es la gran pregunta existencial de nuestro tiempo. Se trata de reconocer que, aunque tenemos ancestros, nosotros también somos los ancestros de las generaciones siguientes. Se trata de pensar sobre los legados que dejaremos, de considerar cómo seremos recordados por lo que hicimos o no hicimos en este momento esencial en la historia humana. Se trata de tomar el largo plazo y, como René dijo, de construir para crecer”, reflexiona este filósofo social de origen australiano y formado en Oxford. “La vida está llena de elecciones”, recuerda. Y, en esos modelos posibles o maneras de pensar sobre ser un buen ancestro, puede haber perfiles estilo ‘Sagrada Familia’ o ‘cathedral thinking’, es decir, con el enfoque de que las cosas nunca se acaban; peor también “cerebros icónicos” o “imaginación empática”, que tratan de imaginar el futuro para irse adelantando a él construyendo desde ahora (ligadas a ese proverbio maorí: “I walk backwarsd into the future with my eyes fide on the past” / “Camino hacia atrás, hacia el futuro, con la mirada fija en el pasado”).

Sobre cómo se gestiona y protege un legado, son expertas Bérangère y Blanche Loiseau, protagonistas de “una historia de dolor y felicidad” —dice Melanie Shannon-DiPietro—. Son la hijas de Bernard Loiseau, que se quitó la vida en 2003 tras ser “la persona más querida en Francia”, formar a muchos grandes chefs, defender un modelo de hospitalidad que significaba estar siempre para el cliente, ser autor de las salsas más finas posibles —para, entre otras cosas, “hacer un puré perfecto”—, “desarrollar un oficio por el que optó porque le encantaba la gente y le encantaba comer” y conseguir tres estrellas Michelin en 1991. 

Tras su suicidio, su esposa, Dominique Loiseau, decidió proseguir con el negocio, que ha cumplido 50 años —el chef llegó a La Côte d’Or en 1975 y se convirtió en su dueño en 1982— y que forma parte de un grupo familiar (Bernard Loiseau Group) en el que sus hijas han tomado el testigo, incluso creciendo con hasta 6 restaurantes y 2 hoteles “expandiendo su visión culinaria”, en donde “el nombre de nuestro padre no solo es el nombre del hotel y restaurante, sino que es la marca veinte años después. Nuestra madre entendió que era una cuestión de patrimonio y de historia familiar y que había que conservar todos los valores que el marcó como excelencia”. Entre las hermanas, se reparten los roles de jefa de cocina y CEO de la compañía. “Cuando me convertí en CEO, estuve dos semanas leyendo entrevistas y todo lo que se había publicado y dicho sobre mi padre para sacar los principios innegociables, los valores clave de mi padre”, señaló Bérangère Loiseau.

Los legados de Justin Pichetrungsi y Thomas Keller

Justin Pichetrungsi protagoniza otra historia de gestión del legado familiar. Hijo de hosteleros, no quería dedicarse al oficio. Así que su carrera fue por otra vía hasta ser director de arte en Walt Disney, mientras su familia regentaba Anajak Thai, un “restaurante tailandés de barrio” abierto hace 43 años en Sherman Oaks, en Los Angeles. En 2019, asumió la gestión del negocio familiar —tras un problema de salud de su padre—, lo que contó en una tronchante ponencia titulada con ironía: “Cómo tomar el control del restaurante de tus padres en cinco sencillos pasos” —lo de ‘easy’ tachado al instante—. Su padre logró el sueño americano, pero luego él tuvo que seguir el legado, solo que a su manera. Así que este emprendedor convirtió el local de sus padres en “una especie de negocio con desorden de personalidad múltiple al cambiar su modelo para mantener el negocio”. Para Pichetrungsi, “la creatividad es como el dinero, es fungible, la mueves de un lugar a otro y puedes transferir su energía. La primera regla para asumir el legado de tus padres es discutir con ellos”.

De legado y largoplacismo habló Thomas Keller, chef estadounidense de 69 años que es una auténtica leyenda de la gastronomía. En una charla con Redzepi, recordó cómo “en muchos casos, las decisiones son tomadas por otros en la vida, sobre todo, cuando eres joven”. Propietario un grupo que suma los triestrellados The French Laundry (Valle de Napa) y Per Se (Nueva York), cree que “igual que un deportista, llegará un momento en que un chef tendrá que retirarse y ahí habrá alguien mejor que tú, más joven que tú, más rápido que tú; y, si no te preparas para tener la capacidad de dejar tu puesto, no estás jugando adecuadamente tu futuro. Todos tenemos que dejar nuestros egos detrás y saber cambiar nuestro comportamiento para que lo que hagamos sea exitoso, sin dejar de abrazar la idea del desafío”. Incluso no dudó en hablar sobre “cómo lidiar con ser Mr Perfecto”, mientras admitió su rol actual, muy ligado a funcionar como mentor de sus equipos: “Mi trabajo hoy es dar ideas a otras personas”. Alguien recuerda una de las celebres frases de este cocinero: “Tener un sueño es difícil; vivir tu sueño es todavía más difícil”. ¿Sus dos palabras clave? “Paciencia y persistencia [perseverancia]”.

De Ángel León a Arca Tierra

Por parte de España, uno de los dos únicos ponentes invitado a MAD7 es Ángel León, dueño del triestrellado Aponiente (El Puerto de Santa María), cuyo futuro desentrañó casi como excusa para contar su filosofía como chef especializado en la cocina del mar. “Me siento como un millonario en el mundo, porque he conseguido todo lo que quería y no me he arruinado”, sentencia, no sin admitir lo complicado que fue “decidir montar un restaurante con lo que los seres humanos no querían”.

El chef andaluz explicó que “la salvación de Aponiente fue coger cosas del mar que nadie quería y tratarlas como si fueran productos de la tierra, como una morena cocinada como un cochinillo o los embutidos marinos. Fue como buscar los cerdos en el mar porque eso al cliente le daba seguridad. Aponiente se enfrenta a la naturaleza mirándola con hambre”, reflexiona León, que adelantó la reforma de Aponiente para que en 2026 el cliente arranque su experiencia con los primeros platos del menú sentado en la marisma que rodea el restaurante.

De MAD7, también salen pistas memorables que se puede soñar visitar. Una es Saint Peter, la casa del chef australiano Josh Niland, conocido mundialmente como cocinero especialista en pescado y su maña para diseccionar cualquier pez hasta alcanzar su aprovechamiento integral. “Hago artesanía que implica el máximo aprovechamiento también en lo económico”, defiende.

Otra pista es Baldío, restaurante cero desperdicio abierto en agosto de 2024 en Ciudad de México que marca “el siguiente capítulo en la historia de Arca Tierra”, proyecto presentado por Pablo Usobiaga en la cita danesa —en su camiseta, se lee “El futuro es ancestral”—. Impulsado con su hermano Lucio Usobiaga, Arca Tierra arrancó en 2009 como “una red local de expertos que promueven la buena alimentación a través de la agricultura regenerativa y el comercio justo”, para así “promover la agricultura campesina en términos productivos, sociales, ecológicos y económicos”, que da pie a dos iniciativas: venta por suscripción de cestos con la cosecha semanal y alimentos artesanales y experiencias de turismo rural y gastronómico en Xochimilco. Por su parte, Baldío es resultado de una alianza con el espacio londinense Silo y Douglas McMaster, su artífice y máximo experto en ‘zero waste’. “Para Arca Tierra, un restaurante no es solo un espacio donde se sirven alimentos; es un vehículo de ideas, salud, cultura y restauración”, sostienen.

‘Reglas’ del futuro

Y, ¿Aponiente, Saint Peter o Arca Tierra son legado o futuro? En la segunda jornada de MAD7 (lunes 25 de mayo), se habló del futuro. Nadie lo representa mejor que las adolescentes Andrea y Alexandra Hermódsdóttir y Aslaug y Arndís Árnadottir. Son séptima generación de dos familias dedicadas a la pesca del salmón en el río Laxá, en Islandia. De hecho, estas cuatro chicas son las primeras mujeres de sus sagas que trabajan como guías de pesca para pescadores que van de visita a estos ríos. El oficio que salvaguardan está amenazado por la producción de salmón de piscifactoría, que directamente reclamaron no consumir a los chefs presentes en MAD7.

Vestido con un mono blanco, Rob Hopkins, activista británico, imagina las ciudades del futuro como alerta frente al cambio climático, mientras invita a un hipotético viaje en una máquina del tiempo. “No nos interesa pensar en utopías, sino en dónde estaremos en 2030”, enfatiza.

Por su parte, Katie Paterson y Anne Beate Hovind desentrañan el proyecto de ‘The Future Library’, un proyecto en Oslo, que arrancó en 2014 para crear una ‘biblioteca del futuro’, centrada en recopilar manuscritos originales de escritores que no se publicarán, ni se leerán hasta 2114. El objetivo es crear una colección de libros que serán un tesoro para las generaciones futuras. “Es una carta al futuro”, definen y añaden: “MAD es una utopía perfecta y muy práctica”.

De utopía, pero también realismo, sabe Yvon Chouinard,  escalador de 86 años que es el fundador de Patagonia, empresa estadounidense valorada en 3.000 millones de dólares. Lisa Abend se sienta a repasar su fabulosa historia. “Cuando juegas tu propio juego, ganas. Con Patagonia, rompimos todas las reglas de la industria, con la idea de durar cien años. Pero acepto límites, acepto que voy a morir y que hay un límite de tamaño natural para cada actividad”. En 2023, este empresario donó Patagonia a dos entidades sin ánimo de lucro “para que el Planeta Tierra fuera nuestro único accionista […]. Soy un hombre feliz muy pesimista sobre el calentamiento global”.

El oficio de José Andrés

Aparte de Ángel León, el otro ponente español invitado a MAD7 es José Andrés. “No soy un chef, soy un cocinero que trabaja para unos pocos y que tiene claro que se dedica a alimentar a los demás. No solo es el poder físico de alimentar a unos cuantos, sino que la comida es una excusa para comprometernos entre nosotros”, recalcó el dueño de José Andrés Group —afincado en Estados Unidos— e impulsor de la ONG World Central Kitchen.

Así, René Redzepi cerró MAD con un intento de diálogo con José Andrés. “Me gustaría ser un pintor como Picasso con cuadros que cuestan cinco millones de dólares; en cambio, abro un restaurante y tengo cinco millones de deuda. Básicamente, no sé cómo gestionar una cocina, ni cómo hacer dinero en mis restaurantes y tengo cuarenta. ¿Por qué no fui Picasso? Porque para mí los restaurantes no son negocios, sino que son historias. Mis sueños eran como los de cualquiera; necesitamos soñar fuerte y no engañarnos a nosotros mismos”, reflexiona José Andrés, como final de MAD7.

Por cierto, el pago por entrar en MAD es una de las vías para financiar una entidad sin ánimo de lucro, fuera del conglomerado hostelero capitaneado por Redzepi y sus socios en Noma y otros restaurantes de Copenhague, con Peter Kreiner como CEO de su empresa. “Una organización global sin fines de lucro con sede en Copenhague con la misión de brindar a la próxima generación de profesionales de la industria alimentaria el conocimiento, las herramientas y la inspiración que necesitan para que sus negocios prosperen, su sector sea justo y los sistemas alimentarios mundiales sean verdaderamente sostenibles”, se define MAD, que al margen de sus eventos abarca iniciativas de formación —incluso una celebrada antes del simposio—, a través de MAD Academy.

Entre los asistentes españoles o con negocios españoles a MAD7, estuvieron Andoni Luis Aduriz y Ramón Perisé (Mugaritz), mexicano afincado en Barcelona Paco Méndez (Come), Albert Franch (cofundador y socio de Nolla, en Helsinki), Carles Tejedor (José Andrés Group), el físico Eneko Axpe, Viqui Sanglas (All Those) y Buster Turner, emprendedor británico que es cofundador y socio de Rooftop Smokehouse (Barcelona).

Viajando al futuro con MAD7

Era 25 y 26 de mayo de 2025 y, casi dos meses después, todo esto casi se observa lejano. O no; hay opción de regresar aunque sea virtualmente a esos días en Copenhague. MAD7 autoimponía exigencia; ahí fuera llovía y hacía frío aunque fuera finales de mayo; había que madrugar para coger el barco antes de las 8 de la mañana y afrontar una jornada de 10 horas —¡nadie rechistó por eso!… pese a haber pagado 700 euros—. Pero no solo porque aquellos desayunos y comidas espectaculares fueran una estupenda motivación —¡pellízcate! ¿cuándo puedes desayunar Hart y comer St John servido por los chicos de Noma?—, sino porque esos dos días los asistentes viajamos al futuro varias veces, mientras se hablaba de legado y de futuro frente a la sociedad urgente; miramos al pasado para consolidar y cuidar nuestro legado, incluso para ponerlo en duda; analizamos si somos buenos ancestros y nos preparamos para el futuro, y recibimos un chute de energía casi exento de la frivolidad sectorial. Buena inversión.

Disculpas a quienes no pudieron o no les interesó asistir, porque unos 700 viajamos al futuro y eso, quizás, nos cambió un poco. Incluso desde la óptica del periodismo, MAD7 te hace cuestionar el oficio: ¿de verdad hace falta seguir forzando titulares en busca del miserable ‘clickbait’ o haciendo temas ‘llave en mano’ al dictado de agencias de comunicación que se apuntan tantos gratuitos a costa de algún periodista profesional? ¿En serio nadie va a pensar un tema por sí mismo, no va a empeñarse en otros enfoques, no va a tener inquietudes?

En todo caso, MAD7 significó cuestionar la gastronomía actual bajo la carpa, en busca de modelos duraderos y no efímeros, en pro de una visión largoplacista y, a la vez, artesanal, en un viaje en toda regla al futuro —con el riesgo, eso sí, de tener que aterrizar después en la vida real—. Y así acabó MAD7: René Redzepi lo cerró citando a Pippi Långstrump (Pippi Calzaslargas), emblema escandinavo, y su famosa frase: “Si eres muy fuerte, también debes ser muy amable”.

Autores de las fotos: Emily Wilson y Marine Gastineau.

Acerca del autor



“Economista de formación y periodista de profesión, me encanta escribir y, además, comer. GASTROECONOMY nació el 30 de julio de 2011 como un pequeño proyecto personal, a los 4 meses de decidir convertirme voluntariamente en periodista ‘freelance’. Aquí escribo de lo que ocurre en el sector: cambios, novedades, estrategias, tendencias… Se trata de observar para contarlo de la forma más amena y detallada posible. La hostelería, sea un sencillo bar, una casa de comidas o un espacio de alta cocina, equivale a un relevante sector económico que se puede analizar con el mismo rigor y seriedad que cualquier otra actividad, eliminando la frivolidad que, por desgracia, sobra en los últimos tiempos en la gastronomía. A escribir aprendí y aprendo con la práctica y porque me enseñaron a hacerlo en mi casa y en el diario económico Expansión (www.expansion.com)”.

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