18 Sep 2026 Enrique Valentí abre Caja de Huevos, un bar en Chueca que complementa el éxito de Caja de Cerillas
El cocinero y hostelero madrileño, que en abril de 2025 apostó por un formato de casa de comidas con Caja de Cerillas, vuelve a emprender en su ciudad con Caja de Huevos, un concepto de bar con barra y comedor con un eje central: media docena de “platos rotos”, recetas de huevos y patatas con otros ingredientes. Situado en Pelayo 35, en el barrio de Chueca, y subtitulado ‘Bar de Avituallamiento’, Enrique Valentí recupera en parte la filosofía de BarBas, una vermutería que creó hace doce años en Barcelona. “Caja de Huevos es más que un bar, pero menos que un restaurante”, define.

Tras Caja de Cerillas, llega Caja de Huevos, mientras, a la vez, Enrique Valentí revive BarBas doce años después de abrirlo en Barcelona, aunque ahora su nuevo proyecto vuelve a apostar por Madrid, la ciudad donde nació y en la que está instalado como hostelero desde la primavera de 2025.
Caja de Huevos arranca estos días en el barrio de Chueca, bajo un concepto de bar cuya oferta tiene como protagonista las recetas con huevos. O, como Valentí ha decidido bautizarlas, “platos rotos”. Es, precisamente, un superventas de Caja de Cerillas la inspiración para este nuevo proyecto: un plato de huevos rotos con gambas al ajillo.
El chef madrileño, que tras veinte años en Barcelona —donde creó y capitaneó conceptos como Casa Paloma, Chez Coco, BarBas, Marea Alta o Adobo—, decidió regresar su barrio, Chamberí, para abrir en abril de 2025 Caja de Cerillas, un bistró-casa de comidas abierto de lunes a viernes cuyo éxito lo ha convertido en una de las mesas más demandadas de Madrid. Con 50 años cumplidos, Valentí buscó afrontar una nueva etapa profesional, primero, en su ciudad y, segundo, sin socios y, tercero, con restaurante propio, tras años realizando asesorías en Barcelona, a través de su firma de consultoría Algo se está cociendo S.L.
Puede que inicialmente volver a emprender no estuviera en sus planes, pero “surgió la oportunidad de un local, en Pelayo 35, en Chueca”. Así que quiso aprovecharlo, se planteó qué abrir allí y nació Caja de Huevos —estos días, ya recibiendo amigos como clientes para rodar antes de abrir la próxima semana—. “Más que hablar de restaurantes, siempre he gusta hablar de conceptos, que es los que siempre ha marcado mis proyectos. Auspiciado por el éxito del plato estrella por antonomasia de Caja de Cerillas, que han sido los huevos con las patatas y las gambas, pensé que se le podía dar una vuelta y poner un poco al día la idea de mezclar patatas y huevos con casi cualquier cosa. A partir de esa idea, he montado Caja de Huevos y lo he titulado ‘Bar de Avituallamiento’. Por lo menos, creo que de eso solo hay este”, define Valentí.
Así es Caja de Huevos
Abierto en el número 35 de la calle Pelayo, Caja de Huevos ocupa el bajo de un típico edificio centenario del centro de Madrid, un local más grande que Caja de Cerillas y muy diferente a su casa madre, ya que suma barra a la entrada, comedor y cocina abierta, mientras plantea horario continuado.
‘Todo en uno’ dentro del espacio de Caja de Huevos, por cierto, un local con hueveras en el techo. “Incluso rompemos todas las barreras arquitectónicas porque estoy muy empeñado en buscar la cercanía con el cliente y la conexión al primer instante. La barra es el eje central, aunque en realidad son barras donde el equipo trabaja conmigo y donde casi das la espalda al cliente porque no existe la contrabarra, sino que tiramos la cerveza y te la damos en la mano. Luego, hay una cocina abierta y una zona que podríamos llamar de comedor con una carta un poco más extensa y mesas con manteles de papel [sujetos con una pinza con un huevo] para que se entienda el concepto de informalidad. Yo soy un enamorado de las barras y un poco de sus incomodidades”, detalla Valentí.
La carta con “platos rotos”
Para la carta de Caja de uievos —algo más breve en la zona de barra—, opta por medias docenas, propias de una ‘Caja de Huevos’, de platillos para construir los apartados. Arranca con ‘hits’ del aperitivo como Mejillones en escabeche ahumado o ‘Gominolas’ de mojama con almendra frita; sigue con otra media docena de platillos que dan un paso más en el picoteo, como Tostada de bonito preparado y piparras, Patatas bravas o Ensaladilla de lubina. Así compone la primera columna de la carta de su ‘Bar de Avituallamiento’. De ahí pasa a embutidos llegados ‘De la alacena’ como Lacón de Móstoles, Chicharrón aliñado o Sobrasada ‘Joselito’.
Justo ahí se llega al corazón de la carta: media docena de ‘platos rotos’, con “el juego de palabras con los huevos rotos”. Es el capítulo de seis recetas de huevos: con berenjena, tomate y albahaca; con chistorra; con guanciale, queso, pecorino y pimienta; con jamón ibérico; con bogavante al ajillo y con caviar imperial, de modo que camina entre recetas populares y un par de opciones más lujosas.
En estas recetas con huevos, las patatas son fundamentales y para ellas Valentí ha diseñado una urna, “estilo los expositores de palomitas del cine, para tenerlas a la temperatura que quiero y perfectamente fritas. Por supuesto, tenemos una freidora”. El cocinero cree “los huevos rotos es un plato tan manido, devastado y vilipendiado, que creo que se le puede dar una vuelta y hacerlo bien”.
Para terminar, la carta aún añade media docena de platos algo más contundentes: de ‘Las sobras de una pizza’ o el Rosbif de solomillo con salsa bearnesa, sin olvidar un tributo más a la casa madre con los Macarrones de Caja de Cerillas. “Queremos hacer una cocina divertida”, sostiene. De postre, opciones como Canutillos de crema o Natillas quemadas con fresitas del bosque. Para beber, cerveza, vermú y una carta de 50 referencias de vino.
¿Tícket medio de Caja de Huevos? “Es un bar muy informal donde se puede comer de muchas formas y por unos 35 euros en la zona del comedor, aunque luego puedas pagar más por darte el lujo de pedir unos huevos rotos con caviar o una copa de champán. Buscamos precios populares porque se trata de que sea un sitio popular, donde la idea es que no haya reservas”, añade.
El horario previsto para Caja de Huevos plantea funcionar de martes a domingo a mediodía, de 12 a 12 —la zona de bar—, y cerrar en domingo noche y lunes todo el día.
Su ‘bar de avituallamiento’
Entre recetas que son emblemas de un bar y ‘platos rotos’, Enrique Valentí estrena la próxima semana Caja de Huevos. “Lo de ‘Bar de Avituallamiento’ en el fondo también es una declaración de intenciones. Caja de Huevos es más que un bar, pero menos que un restaurante; de hecho, no pretendo que sea un restaurante”, define Valentí.
De paso, el hostelero madrileño revive aquel concepto en septiembre de 2014 en los bajos del Hotel H10 Metropolitan, en Rambla de Catalunya, en Barcelona: BarBas, una especie de vermutería con barra y mesas que entonces definió como “un ‘typical Spanish’ bien hecho, un bar de barrio de toda la vida, con marisquería y ‘xurrería’ en el sentido de freiduría”. Ahora, en parte aquello se revive. “Caja de Huevos es un BarBas, en el que recreamos la filosofía de bar”. Con todo, a la vez, cree que “se ha sobreutilizado la palabra bar y la idea de recrear el bar antiguo de toda la vida, así que Caja de Huevos no es un bar antiguo y sí es conceptualmente un bar, dando un pasito más”, reflexiona.
‘Parentesco’ entre Caja de Cerillas y Caja de Huevos
¿Es Caja de Huevos un hermano pequeño o un hijo de Caja de Cerillas? Sin concretar ‘parentescos’, Enrique Valentí conviene en una idea: “Llámalo una evolución, ya que a veces las evoluciones salen de un lado y van hacia otro. Puede que mucha gente esperara que yo montase algo todavía más serio y formal que Caja de Cerillas, pero justo he hecho todo lo contrario: montar un concepto superinformal y, sobre todo, divertido, lo que es una de las claves que se tiene que imponer a todo lo demás para que el cliente esté relajado en Caja de Huevos”. En todo caso, Caja de Huevos funcionará así como un bar que complementa el éxito de Caja de Cerillas.
Para Valentí, “los locales son de los clientes, pero creo que cada hostelero tiene libertad par hacer lo que considere dentro de su local. Los formatos encorsetados evidentemente te encorsetan y los que son libres de pensamiento valen para casi todos los públicos. Esa es un poco mi filosofía”.
De nuevo, apuesta por Madrid
Este cocinero, hostelero, emprendedor y creador de conceptos gastronómicos se la vuelve a jugar en su ciudad, Madrid, donde sin duda lleva año y medio viviendo un momento dulce gracias a Caja de Cerillas. “Yo siempre he querido triunfar en Barcelona, pero por las circunstancias o lo que sea, la verdad es que donde he encontrado mi sitio y mi yo es en Madrid. Lo digo sin resentimiento. Ahora mismo, me siento feliz, lo que creo que es un poco la primera causa-efecto de emprender. Y eso que con la edad, lo de emprender da cada vez más pereza”, concluye.
Su plan es seguir estando en Caja de Cerillas, aunque esté en el arranque de Caja de Huevos, que abre la próxima semana —en principio, el martes— y donde su hermano Carlos Valentí estará al frente. “Hay que cuidar Caja de Cerillas, que no nació ganas de hacer un sitio exclusivo, pero sin pretenderlo se ha convertido en un sitio exclusivo por la demanda del propio cliente y por la dificultad de conseguir mesa. Pero mi idea original de casa de comidas de ‘comida cotidiana’ se mantiene”, concluye Valentí.
Caja de Huevos. Pelayo, 35. Madrid





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