Los 15 años de Gastroeconomy (y de un sector gastronómico en constante transformación)

El 30 de julio de 2011, Ferran Adrià y Juli Soler cerraron elBulli como restaurante y Gastroeconomy nació como portal. Quince años después, así ha cambiado la gastronomía y el proyecto que, por cierto, funciona bajo un eje clave: la libertad es un bien poco rentable, pero increíblemente valioso para ser feliz en la vida.

En la absolutamente acelerada vida del siglo XXI, quince años apenas son un momento, pero un momento lo suficientemente largo e intenso como para analizar lo que ha ocurrido en un sector, aunque sea de manera exprés. Gastroeconomy nació como proyecto el 30 de julio de 2011 y lo hizo en Cala Montjoi, justo el día que Ferran Adrià y Juli Soler eligieron para cerrar elBulli como restaurante y provocar así un rotundo punto de inflexión en la industria culinaria global.

Hoy que hace quince años de todo aquello, hay una primera conclusión de este simple hecho y es que las ganas —auténtica necesidad— de hacer algo propio y algo diferente a lo anterior de uno mismo y a lo anterior de otros —¿aglutinar gastronomía y economía en una misma ecuación era habitual hace tres lustros?—, esas ganas siempre suelen estar aliadas con bastante inconsciencia, algo de descaro, casi desfachatez y un montón de dudas que si uno cree que va a resolver rápido, seguro se equivoca.

“Hoy he lanzado mi portal”, conté —con bastante inocencia y muchísima ignorancia— a unos colegas periodistas el 30 de julio de 2011 por la mañana, en la rueda de prensa que Adrià y Soler organizaron para despedir elBulli como modelo hostelero con algunos de los mejores cocineros del mundo. Uno de ellos se sonrió y me dijo: “¿Y quién tiene las llaves?”. Me quedé cortada y enseguida respondí: “Pues yo”.

Quince años después…

Quince años después, sigo teniendo las llaves de Gastroeconomy, el proyecto que se sigue llamando portal —a veces, web y nunca blog—, que continúa siendo cien por cien personal —sin socios, sin capital externo y ajeno a un grupo de medios—, que ha resistido en un entorno absolutamente cambiante —tanto en el sector gastronómico, como en el periodismo gastronómico— y que para nada ha cumplido con los planes imaginados.

Seguramente, la marca ‘Gastroeconomy’ ha superado las expectativas —las mías—, porque dentro de un microuniverso sectorial endogámico puede que sea bastante conocida —si es que sirven indicadores como los 139.000 seguidores en Instagram—. Pero, a la vez, el proyecto fue decreciendo deliberadamente para tratar de ser más manejable y más rentable y para centrarse en publicar mis propios artículos, lo que, en realidad, es una trampa: si crece la vida freelance basada en colaboraciones con medios —generalmente, mal pagadas—, se reduce el número de artículos publicados en Gastroeconomy —unos 2.000 en quince años—.

Modelo económico del portal

Por si fuera poco, en el loco e irracional afán de uno —una— por la independencia como periodista, te niegas o te resistes a publicar posts patrocinados en la web o en Instagram, te niegas a que haya banners publicitarios de restaurantes, te niegas a muchas cosas. Y, encima, no te atreves a cobrar por leer los textos que regalas, a liarte la manta a la cabeza para hacer crecer el proyecto —o para llegar a ver aunque sea un solo número en papel—, porque tú harías todo eso, pero quieres hacerlo tú sola y sin depender de capital externo, porque la libertad es un bien poco rentable, pero increíblemente valioso para ser feliz en la vida.

Así que, quince años después del día que elBulli cerró y Gastroeconomy nació, el modelo económico del portal del que guardo las llaves es un signo de interrogación gigante sin respuesta clara por ahora. Eso cuestionaría incluso la vigencia del proyecto, más todavía mientras el consumo de información con inmediatez y urgencia revienta el posible interés de lectores potenciales por leer artículos de 2.000 palabras… o hasta 5.000 —¡qué maravilla lo de escribir sin límites impuestos por una maqueta a la extensión de un texto!—.

Sector vibrante

Todo eso es verdad, pero luego te encuentras con un sector precioso y vibrante —aunque duro y sometido a muchas fluctuaciones— como el gastronómico, sobre el que no desde hace quince años, sino desde hace casi veinte, decidiste escribir para analizarlo; para preguntar a los chefs si también son empresarios o si tienen socios, cuál es su modelo de negocio y cómo lo rentabilizan; para reflexionar sobre si es mejor diversificar en las aperturas o replicar conceptos exitosos o sobre si la innovación o el ‘zero waste’ pueden ser armas de rentabilidad; para cuestionar si la alta cocina se equivoca o no en su forma de abordar su vertiente económica o si realmente escucha al cliente o para, en suma, buscar qué rasgos comunes en oferta y demanda se pueden detectar para atreverse a identificar como tendencias.

O, contra todo pronóstico, los meses de confinamiento por la pandemia fueron trepidantes en la publicación de temas en Gastroeconomy, detallando desde las medidas adoptadas por chefs y hosteleros para capear una crisis sin precedentes, las estrategias para abordar nuevas vías de facturación como el delivery —con el que se probó que el salón de una casa particular se podría convertir en un restaurante por una noche— o desentrañando las complejas regulaciones que el BOE fue publicando para la desescalada o el intento de vuelta a la normalidad en el contexto de la ‘crisis Covid’.

O, quizás, en paralelo ocurrieron bombazos como que Grupo Pescaderías Coruñesas compra Lhardy y lo salva del cierre, abre un modelo tan positivo para Madrid como Desde 1911 o planea reconvertir su histórica tienda de la calle Recoletos en un restaurante llamado Evaristo 33 —encima, en alianza con Los 33, que no, no es un lugar de moda, sino un sitio que envidian en toda Europa—.

O, quizás, la industria gastronómica global registró uno de sus mayores shocks con el ‘caso Noma’ la pasada primavera y Gastroeconomy se empeñó en no replicar lo que denunciaba una cuenta en Instagram sin pruebas, ni siquiera lo que publicó ‘The New York Times’, sino en analizar y cuestionar por uno mismo.

Seguir escribiendo en Gastroeconomy

Y, al ver todo lo que ocurre en el sector gastronómico, no puedes evitar querer seguir escribiendo en Gastroeconomy, analizando, buscando novedades que merezcan la pena, contando qué hacen los grandes nombres —la familia Roca, Dabiz Muñoz, Bittor Arguinzoniz, Albert Adrià, los dueños de Disfrutar…—, pero también los no tan conocidos, más todavía los más jóvenes que garantizan el futuro del sector, asomándote al exterior para aprender y para entender mejor qué ocurre en España.

Además, no puedes evitar resistirte a publicar constantemente la información llave en mano que llega al buzón de email de un periodista —¿por cien o por mil frente a lo que llegaba hace quince años?— desde agencias de comunicación que muchas veces parecen dispuestas a que los periodistas tengamos que someternos a una especie de pensamiento único y que no parecen entender que quieres escribir lo que tú quieres y no lo que te dicten. Incluso sabiendo o suponiendo que un porcentaje cada vez mayor de tu público potencial no va a leer tus artículos, sino apenas un post en Instagram. Por eso, Gastroeconomy abandonó hace tiempo la práctica de mirar las métricas de Google, cuyas reglas de posicionamiento web siempre han sido ignoradas en nuestros artículos frente a la tendencia general de muchos medios de comunicación —gastronómica o no—.

Y es que, a la vez, los artículos publicados en Gastroeconomy y que el lector lee gratis son una macrobase de datos con información que funciona como fuente —al menos, para mí y, al parecer, para Chat GPT—.

La transformación del sector, vía tendencias

Restaurantes más pequeños de menores dimensiones, con menos empleados —o sin ellos—, con cartas más cortas y flexibles, con nuevos horarios y con una cocina más directa en la que se valora ver el producto principal son solo algunas de las tendencias que claramente se han asentado en el sector gastronómico en los últimos años frente a aquella época hace quince años en el que la alta cocina lo era todo en el sector, en la que se hablaba de cocina de autor y de vanguardia, mientras hoy cada vez más hablamos de números y rentabilidad, de proyecto realistas y de innovar para dar con el modelo de negocio que garantice una mayor viabilidad al proyecto.

De todo esto es de lo que habla Gastroeconomy hoy, siendo un microproyecto, aunque parezca más grande de lo que es, y en el que las dudas sobre qué ocurrirá en los próximos años, ni siquiera sabemos si en los próximos quince años, continúan sobre la mesa para acabar de dilucidar cuál es el mejor modelo para ese portal del que sigo manteniendo y conservando las llaves.

GRACIAS a quienes leéis Gastroeconomy. Sabed que está escrito con cariño e ilusión y que el día que eso desaparezca, desaparecerá el portal y, entonces, lanzaremos las llaves bien lejos.

Acerca del autor



“Economista de formación y periodista de profesión, me encanta escribir y, además, comer. GASTROECONOMY nació el 30 de julio de 2011 como un pequeño proyecto personal, a los 4 meses de decidir convertirme voluntariamente en periodista ‘freelance’. Aquí escribo de lo que ocurre en el sector: cambios, novedades, estrategias, tendencias… Se trata de observar para contarlo de la forma más amena y detallada posible. La hostelería, sea un sencillo bar, una casa de comidas o un espacio de alta cocina, equivale a un relevante sector económico que se puede analizar con el mismo rigor y seriedad que cualquier otra actividad, eliminando la frivolidad que, por desgracia, sobra en los últimos tiempos en la gastronomía. A escribir aprendí y aprendo con la práctica y porque me enseñaron a hacerlo en mi casa y en el diario económico Expansión (www.expansion.com)”.

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