Una noche en Catalunya, en el sur de Asia

En el Rotablog, Pascual Drake cuenta en primera persona su experiencia en el restaurante abierto el pasado julio en Singapur, bajo la dirección de un equipo liderado por el ‘ex Bulli’ Pol Perelló e integrado por varios profesionales formados en España.

Son las 10 de la noche, hace un calor sofocante, Singapur arde; final de septiembre y la isla está llena de focos, luz, alboroto. Hemos reservado mesa. Llegamos y sale el propio Pol a recibirnos. Encantador. Nos pregunta si queremos pasar directamente a la mesa o tomar algo en la barra circular epicentro del local.

Estamos en Catalunya (nada de pensamientos nacionalistas ni lo contrario, por favor, esto no va de eso) y Pol es Pol Perelló, ex de Adriá en el extinto elBulli que tras el cierre de éste se fue a ‘hacer las asias’ con Catalunya, que lleva menos de un año abierto 

Nos sentamos directamente en la mesa. Una bonita mesa. Pol se sienta con nosotros. “¿Qué tal? ¿Qué os parece Singapur? ¿Hasta cuándo os quedáis?”. Se lo contamos (a ustedes no se lo cuento, que tengo reservada la exclusiva para una revista de cotilleos) mientras nos sirven dos cócteles: Starway to heaven y Drewski (aquí se empieza fuerte y rápido a disfrutar, tonterías las justas).

Pol nos cuenta que está encantado con la acogida de su local. Es cierto que está lleno, de asiáticos en su mayoría. Nos cuenta que arrasa con la paletilla de cochinillo (a lo largo de la cena salen decenas de la cocina); la trae desde Castilla y León y a los habitantes o itinerantes de Singapur les encanta.

Nos han preparado una degustación de tapas. Nosotros felices de no tener ni que mirar la carta. El servicio es muy atento, sonriente, amable; da gusto. Hay cierta complicidad entre españoles y toda o casi toda la plantilla del restaurante viene de España. Estás como en casa. Nos saludan. Se sientan un rato con nosotros. Lo consiguen. Consiguen que vuelvas. Es espectacular que sea así estando tan lejos.

Estamos dentro de una cúpula de cristal frente al Marina Bay Sands, el insultantemente estratosférico hotel que Sheldon Adelson, de los Adelson que han tenido en jaque a Madrid y Barcelona por la construcción de Eurovegas, posee en esta ciudad en la que nadie es de allí, en la que todo el mundo habla un inglés digno de Notting Hill y en la que la educación, el civismo y la limpieza son un modo de vida (te multan hasta por masticar chicle en la calle).

Comenzamos con las –por lo visto míticas– aceitunas líquidas originarias de elBulli. Lo de por lo visto lo digo porque yo nos las había catado antes. Si las han probado, saben de lo que hablo –aceitunas sferificadas–. Si no las han probado, poco puedo decirles para describirlas, deberían probarlas. Como parece que les hemos caído bien, nos dejan el bote en la mesa. Cogemos un par cada uno, tampoco es cuestión de abusar.

Entretanto, se nos ha acercado Juan Álvarez, quien se encarga entre otras muchas cosas (como, por ejemplo, ser la mano derecha de Pol) de la carta de vinos. Nos cuenta que hace todo lo posible por tener una buena oferta de vino español (y no es que haga todo lo posible, es que la tiene, porque vaya cartaza de vinos), pero que no todos los clientes aceptan las recomendaciones peninsulares, así que también hay buena oferta de etiquetas de otros países. Como parece que no es suficiente la variedad, nos ofrece un vino que acaba de probar y que aún no le ha dado tiempo a meterlo en carta. Es luso, se llama Monte Cascas, es de 2008, blanco y está elaborado con la variedad lusa Fernao Pires. Nos encantó. Si nos sirve vino a granel, también nos hubiera encantado. Estábamos muy a gusto.

No recuerdo el orden de las tapas ni el tiempo que estuvimos sentados. Sí recuerdo que nos saludaron prácticamente todos los camareros, que Pol y Juan se acercaron varias veces a lo largo del festín a ver qué tal estábamos, a charlar sobre cómo ven el futuro de la restauración, a hablar de vino, de Asia, de tapas, del tiempo…

Las tapas: pan ‘tumaca’ –pa amb tomàquet– (con jamon ibérico, claro); tartar de tomate; tortilla deconstruida; bombas de la Barceloneta (de patata y carne, muy dulce. Levántense para ovación); croquetas de jamón ibérico; cochinillo (no podía faltar visto lo visto), canelón (de carne con queso Idiazábal) y escalibada con foie-gras. De postre, crema catalana. Sí, es un menú que se puede encontrar de forma más o menos fácil es España; pero es que estamos en Singapur, donde todo pica y los ‘noodles’ son su aceite de oliva.

Catalunya tiene un ticket más bajo que los restaurantes de la isla. En Singapur, o comes de restaurante y te gastas un mínimo de cien euros por comensal, o comes en los puestos de la calle a un puñado de euros. No hay término medio. Al menos, a nosotros nos dio esa sensación. Este restaurante tiene el nivel de los primeros pero por un precio algo más bajo. Otro motivo por el que, si estás en Singapur, merece la pena visitarlo.

Para rematar la cena, nos tomamos un gin & tonic con Pol y parte del equipo. Un gustazo. Se ve bastante complicidad entre ellos y se nota que se lo están pasando bien a pesar de estar a miles de kilómetros de casa.

No sé si algún día volveré a pisar Singapur. Pero si lo hago, volveré a pisar Catalunya.

Dónde ReservasWebHorario

Catalunya. The Fullerton Pavilion. 82 Collyer Quay. Singapur

De 11 de la mañana a 2 de la madrugada

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