23 Abr 2013 Cómo quiero que me sirvan el vino
En el Rotablog, Arturo Pardos desgrana en primera persona la filosofía de su libro “Cómo quiero que me sirvan el vino”. “¿Para cuándo un Simposio Nacional del Servicio del Vino?”, se plantea el Duque de Gastronia.
Explica el ínclito Carlos Delgado, en el prólogo de mi libro “Cómo quiero que me sirvan el vino”: “El mejor vino del mundo puede convertirse en el peorvino del mundosi es servido con un agitado y desafortunado descorche por un camarero que, además, se cree dueño de una botella cuidadosamente elegida y casi siempre mejor pagada.

Existen situaciones en las que nos apetecería denunciar el incorrecto comportamiento de quien nos ha servido el vino, pero el desconocimiento de la ‘etiqueta’ nos impide enfrentarnos a la seguridad y a veces petulante actitud del sumiller”.
En el libro, establezco y documento de forma contundente y clara cada uno de los pasos del correcto servicio de ‘mi’ vino para ‘mi’ persona según y cómo quiero “yo” que se realice dicho servicio. Esta nueva edición de “Cómo quiero que me sirvan el vino” ha sido premiada por un jurado internacional (en el Gourmand World Cookbook Awards 2012), bajo la presidencia de M. Édouard Cointreau, el pasado mes de febrero en el Carrousel del Louvre, París, como ‘Mejor Libro sobre el Servicio del Vino publicado en el Mundo en 2012’.
España, tierra de viñas, fecunda bodega, sociedad de servicios, generosa en mesa, mantel y copa, ¿para cuándo un Simposio Nacional del Servicio del Vino? Hacer vino es una cosa, beber vino es otra: entre ambas acciones, está el servicio. Y yo escribo Cómo quiero que me atiendan en Hacienda, Cómo quiero que me trate el médico, Cómo quiero que me acaricien, Cómo quiero que me sirvan el vino…
¿Egoísmo? No. ¿Altruismo? Tampoco. ¿Entonces…?
¿‘Me’ tiene que servir ‘mi’ vino el camarero como quiere él? No: ‘Me’ lo ha de servir como ‘yo’ quiero que ‘me’ sirva ‘mi’ vino, que pago con ‘mi’ dinero.

Dice el camarero respondón: “¡Pues estaría bueno que a cada cliente le tuviera yo que servir el vino como le sale a él de las narices!”.
No es así: Yo sólo quiero que ese camarero me sirva como yo quiero que me sirva. Y para lograrlo, sólo tiene que leer mi libro. Y como es un libro único en el mundo, es evidente que al cliente que exige ser servido como él o ella quiere, debe espetarle el sumiller: “Perdón, pero, al no conocerle, no puedo saber cómo quiere usted que yo le sirva el vino. Sin embargo, al Duque de Gastronia sí sé cómo he de servírselo porque ha tenido la deferencia de plasmarlo en un libro, manifestando con rigor y elegancia cómo quiere él que yo u otro como yo le sirvamos el vino como él quiere”. Y esto ha de decirlo el sumiller con firmeza, de un tirón.
Y si el cliente se rebela, le responderá: “¡Pues escriba usted su propio libro ‘Cómo quiero que…’!, pero recuerde que el primero que comparó los labios de una doncella con los pétalos de una rosa fue un genio, y el segundo un tonto”.
Y, de paso, recomiendo leer mi otro libro, presentado el pasado mes de enero, “Dios no fuma”. En esta otra obra para personas SIC (sensibles, inteligentes y cultas), ofrezco un sorprendente método para dejar de fumar fumando. En el Vaticano ha causado conmoción su recepción y lectura, con las consecuencias de todos conocidas. En breve, se hablará del tabaco y su relación con la fe. Q.E.D. El Duque de Gastronia.
El Duque de Gastronia y “Cómo quiero me sirvan el vino” (ver)
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